martes, 31 marzo 2026
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Hay mujeres que sanan con las manos, que alivian el cuerpo y el alma. Una de ellas es Margarita Morales, una mujer kichwa del pueblo Otavalo, partera, sanadora y guardiana de la medicina ancestral. A sus 63 años, mama Margarita no solo representa la sabiduría y tradición, sino también una red de cuidados y afecto que combina lo espiritual, lo físico y lo comunitario.

Conocimiento

Desde pequeña, Margarita ayudaba a su abuelo José Manuel Ipiales, un reconocido curandero de la comunidad de Carabuela. Él era experto en limpias con cuy, encaderamientos y el uso de plantas medicinales, cuenta Margarita con nostalgia. Su abuelo partió de este mundo cuando tenía 92 años, pero su legado continúa con su nieta. “Yo era solo una niña cuando lo acompañaba, pero a los 15 años atendí sola mi primer parto. Sentí miedo, pero más fuerte fue el llamado de ayudar”, recuerda.

Desde entonces, su vida ha estado dedicada al servicio de la salud de su comunidad, sin batas ni laboratorios, pero con la potencia de la medicina de la tierra.

Tratamiento

Además, de partera, es sanadora de mal aire, espanto, dolores musculares, estrés y desbalances físicos. Con sus aceites artesanales, elaborados con plantas secadas al sol y cocinadas durante horas, trata dolores de hombros, caderas, hinchazones y más. No solo alivia; diagnostica con intuición. Si percibe enfermedades que requieren atención médica, no duda en derivar al hospital: “No todo lo puedo sanar, pero sí puedo ayudar”.

En su consultorio natural en Carabuela, por la gasolinera, ha recibido a mujeres embarazadas que buscan control con cariño y respeto. Les ofrece vaporizaciones con manzanilla, agua de pelo de choclo con panela, masajes con aceites y ejercicios para apurar el parto. Su experiencia no se improvisa: trabajó cinco años en el Hospital San Luis de Otavalo, atendiendo partos normales, compartiendo lo ancestral con lo institucional.

Hoy continúa acompañando procesos de embarazo, incluso ayudando con tratamientos naturales para quienes anhelan ser madres.

Su labor también ha sido respaldada desde el Municipio de Otavalo, como parte del Plan de Trabajo de la alcaldesa Anabel Hermosa, quien impulsa el fortalecimiento de los saberes ancestrales kichwas como un pilar de la construcción de una ciudad inclusiva, respetuosa de la identidad y los derechos colectivos.

 

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