Una sucesión de explosiones, con coches bomba y motos cargadas de explosivos, más ataques directos contra fuerzas policiales sacudió de nuevo a Colombia en la mañana del 10 de junio. Un total de 18 ataques dejó por lo menos siete muertos y decenas de heridos apenas había pasado la primera mitad del día.
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Los ataques se concentraron en el Valle del Cauca y en Cauca, en especial en Cali, donde estaba programada para el hoy 11 de junio una gran marcha convocada por el oficialismo en favor de la consulta popular del presidente Gustavo Petro.
La escalada terrorista sucedió apenas tres días después del atentado en Bogotá contra el senador derechista Miguel Uribe Turbay, opositor de Petro, que lucha por su vida tras ser operado en la cabeza en la Fundación Santa Fe.
Consternación social
“En una semana, Colombia regresó a 1989”, resumió Alejandro Eder, alcalde caleño, en referencia a los tiempos del narcoterrorismo, cuando Pablo Escobar ordenaba el asesinato de candidatos presidenciales, como Uribe Turbay, y cuando también aterrorizó al país con sus coches bomba. Varias motos cargadas con explosivos estallaron junto a las estaciones de policía de Manuela Beltrán, Meléndez y Los Mangos, en Cali, donde se reportaron al menos dos peronas fallecieron en esos ataques.
Otros atentados se suscitaron en la subestación de Policía de Patía, donde los ataques se ejecutaron con drones, y en Caloto, donde cayó muerto otro agente. Los atacantes también usaron cilindros explosivos y granadas en medio del pánico generalizado entre la población.
En Jamundí, zona rural del Valle del Cauca cercana a Cali, explotó un coche bomba que acabó con la vida de tres personas. La propaganda distribuida por los terroristas han centrado la mirada de la policía en las disidencias de las FARC.
