La historia de Otavalo se comprende a través de tres hitos. El 11 de noviembre de 1811, el asentamiento fue elevado a la categoría de villa, primer reconocimiento formal de su peso político y comercial. El 25 de junio de 1824 se estableció su cantonización, que consolidó su organización administrativa dentro de la naciente república. Sin embargo, la fecha que más resuena es el 31 de octubre de 1829. Ese día, Simón Bolívar decretó que la Villa de Otavalo quedaba elevada a ciudad, con las mismas preeminencias que las demás de su clase. El Libertador, huésped frecuente de haciendas como Pinsaquí y Santa Mónica, conocía bien a sus vecinos, y la tradición local recuerda el acto entre aplausos, banderas y repiques de campanas. El título de ciudad no creó una identidad: reconoció una ya existente. El nombre Otavalo guarda ecos ancestrales. Algunas interpretaciones lo vinculan con “lugar de los antepasados”, otras con “gran laguna en lo alto”, y la lengua de los pueblos de la zona lo evoca como “cobija de todos”. Así, cada 31 de octubre, Otavalo honra su elevación a ciudad y la memoria profunda de su origen.
