miércoles, 5 agosto 2026
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Pablo Rosero, el historiador que rescata la memoria de Ibarra

Pablo-Rosero
Para Rosero, la investigación histórica exige rigor y perseverancia. Los documentos rara vez ofrecen respuestas inmediatas, por lo que el trabajo es minucioso.
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A los 9 años de edad, el ibarreño Pablo Rosero Rivadeneira supo con seguridad cuál sería su vocación: “Quiero ser historiador”. Entre sus tantas travesías, en la primavera de la infancia, Pablo “palpó con su mirada” el arte y la historia de la capital ecuatoriana; de ahí, en su mente, “nació” una duda: ¿por qué no existe esa misma puesta de valor en Ibarra?, y ese fue “uno de los primeros detonantes, entre muchos, que me llevaron a formarme en historia”, manifestó.

Primeros acercamientos 

El historiador imbabureño, quien actualmente ya se encuentra en el otoño temprano de la vida, dijo que sus inicios en la formación académica le influyeron en optar por esta vocación. Fue en la escuela Modelo Presidente Velasco Ibarra, donde su profesor Julio Arturo Puente Chávez despertó en él la pasión por la historia; mientras que su maestra ‘Lola’ Pavón fomentó en él la lectura y la curiosidad. 

Luego, con este “aire de motivación”, Pablo continuó sus estudios en el Colegio Sánchez y Cifuentes. Y no fue hasta que arrancó sus pasos académicos en la Universidad Politécnica Salesiana de Quito donde realizó sus estudios en Antropología. Finalmente, en la FLACSO definió su especialidad: Paleografía, área que le permitió interpretar documentos de los siglos XVI y XVII. Un aspecto que lo llevaría a ejercer uno de los proyectos más entrañables en Ibarra.

Está en su “casa”

Cuando Pablo menciona a su ciudad, la evoca con orgullo. Dice que “la historia de Ibarra todavía no está escrita (…) entonces, yo lo que me he propuesto es aportar cosas nuevas”. Actualmente, el historiador es integrante de la Fundación Conservartecuador, instancia que trabaja en conjunto con el Municipio de Ibarra para implementar el “Archivo Histórico”.

Cerca de 4 000 documentos, que datan entre 1596 y 1920, son los que están en un proceso de “recuperación” mediante el arduo trabajo de Pablo y sus compañeros. Según el historiador, “el proceso contempla tres etapas: catalogación, conservación y restauración. Cada documento es revisado individualmente para registrar su contenido, estado de conservación y características físicas antes de pasar al área de restauración especializada”. 

Muy pronto, el extracto aún no contado de la vida de Ibarra está por contarse, y Pablo será uno de los protagonistas.

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