En la parroquia urbana de Guayaquil de Alpachaca, cantón Ibarra, la tradición del pesebre se mantiene viva en el patio de una vivienda, que en cada Navidad se transforma en un espacio de fe y dedicación.
Se trata de la familia de Carlos Endara. Él relata que la elaboración del ‘nacimiento’ se convierte en un compromiso que cada vez se vuelve más grande. De forma literal, porque ahora esta escenificación tiene más de 500 piezas, entre animales, figuras y casas miniaturas.
Cada vez más grande
Carlos Endara explica que el pesebre inició de forma sencilla, en una mesa ubicada en la sala de su vivienda. Con el paso del tiempo, el proyecto creció de manera progresiva. Año tras año, la familia añadió nuevos elementos hasta alcanzar una dimensión mayor.
La planificación empieza mucho antes de diciembre. Durante el transcurso del año, su sobrino y su esposa comentan ideas y proponen mejoras. La familia evalúa qué elementos pueden incluir, cuáles deben cambiar y qué detalles necesitan reforzar.
Dedicación para armarlo
Cuando llega el momento de la ejecución, ponen en práctica lo planificado. El proceso avanza paso a paso. El armado demanda cerca de ocho días de trabajo continuo. Durante ese tiempo, la familia se dedica a organizar las figuras, instalar la iluminación y cuidar cada detalle. El pesebre representa distintos escenarios, entre ellos referencias a la laguna de Yahuarcocha, al cuartel del Grupo de Caballería Mecanizada Nro. 36 Yaguachi y a barrios de Ibarra, lo que aporta un valor local a la representación.
Carlos Endara expresa que la motivación principal es la fe. Afirma que su familia cree firmemente en Dios y que el pesebre se realiza como un homenaje. “Somos muy creyentes y esto lo hacemos en honor del niño que nace”, dijo.

Una ilusión
Georgina Higuera, esposa de Carlos Endara, comparte ese sentimiento. Ella observa el pesebre con satisfacción y expresa un apego especial por esta tradición. Igualmente, participa de forma activa durante el armado. Incluso, entre sus tesoros conserva un álbum fotográfico que registra el crecimiento del nacimiento a lo largo de los años.
“Yo les ayudo en el momento de armarlo. Es una ilusión muy grande, que renace semanas previas a la Navidad. Desde que era niña me gustaba hacerlo con mis padres; ahora con mi familia, que también se junta para rezar la novena”, comenta.