lunes, 3 agosto 2026
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La elaboración y comercialización de fundas de caramelos en la capital de los imbabureños es una actividad que se ha convertido en tradición y sustento para muchas familias.

Pamela Cacuango, comerciante y segunda generación de esta práctica, nos comparte cómo este negocio familiar ha evolucionado a lo largo de los años.

La idea nació hace más de 25 años

Pamela relata que esta tradición comenzó con su madre, Victoria Guadaluiza, junto a un grupo de 15 compañeras. “La idea nace prácticamente hace más de 25 años, mi madre fue una de las pioneras.

En aquel entonces no se hacían fundas, pero al ver la necesidad de la población, tuvimos que idearlas para ofrecer un solo contenido con todo lo necesario”, mencionó.

Inicialmente, el negocio se desarrollaba en las calles Sánchez y Cifuentes y Pérez Guerrero, donde se vendían los productos a granel, como caramelos por libras y quintales.

Evolución y productos icónicos

Con el paso del tiempo, la actividad creció y se adaptó a las demandas del mercado. “Antes se trabajaba con productos como la galleta de moneda, osito o la de animalitos, pero muchos de estos se han perdido”, explicó Cacuango.

Mientras Pamela traía a su mente los recuerdos de su infancia, en aquellos días en los que ayudaba a su madre , también comentó: “Ahora trabajamos con marcas reconocidas como ARCOR y Confiteca”, dijo Pamela. Durante los años del sucre, las fundas costaban desde mil sucres, equivalente a USD 0,04.

Actualmente, los precios van desde USD 1 hasta USD 20, dependiendo de la cantidad y calidad del contenido.

La lucha por un espacio digno

Victoria Guadaluiza, madre de Pamela, recuerda los desafíos que enfrentaron para consolidar este negocio. “Al principio, no teníamos permisos y nos trasladaban de un lugar a otro. Gracias a las gestiones de Pablo Jurado, exalcalde de Ibarra, logramos establecernos en este sitio, que antes era desolado”, explicó.

Hoy en día, el sector es un punto clave para la venta de productos navideños y es el mes donde descansar no es una opción para los comerciantes, pues ellos trabajan durante la noche y la madrugada en la Av. Eugenio Espejo.

Para ellos vender en diciembre es el sustento de “todo un año”; no obstante, también se dedican al comercio informal.

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