El ramo santo, además de un símbolo litúrgico, se ha convertido en un signo cargado de significados espirituales y culturales. Aunque nace como emblema de alabanza a Jesús en su entrada a Jerusalén, hoy también es visto como un amuleto contra enfermedades, tormentas y malas energías. Su presencia en los hogares fusiona la fe con creencias andinas.
Símbolo de fe
Cada Domingo de Ramos, cientos de fieles acuden a templos con ramas en mano, pues es el inicio de la Semana Santa.
“Este hecho conmemora la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén, donde le aclamaron como rey y señor”, explicó Narciso Guerra, párroco de la basílica de La Dolorosa. En esta fecha, los creyentes participan de la “tradicional” procesión y la bendición de ramos.
Sin embargo, esta práctica religiosa ha ido ampliando su significado en la sociedad, mezclándose con creencias populares heredadas de generaciones anteriores.
Creencias de protección
Mary Maldonado lleva tres años vendiendo ramos de paja toquilla en la ciudad. Ella compra la materia prima en Lita y la entrelaza con romero, laurel o rosas.
Mary aprendió este arte de sus abuelos. Sus ramos pueden tener hasta un metro veinte de altura y tarde de 2 a 5 minutos en hacer uno. Los precios oscilan entre los 50 centavos y un dólar, según el diseño.
Pero más allá del ornamento, Mary guarda “secretos” inculcados por sus abuelitos, puesto que durante la pandemia, su familia recurrió a una “protección especial”.
“Nosotros hicimos cruces con la paja toquilla, las bendecimos y pusimos arriba en las puertas para que no entre el demonio y gracias a Dios no nos dio COVID. Hasta ahora le tengo en la puerta”. Además, agregó que usa el ramo y palo santo para curar el mal aire.
“También le digo a mi hijo que tiene que aprender. Luego me moriré, pero él debe conocer”, dijo.
Sobre las supersticiones
Desde el enfoque académico, el antropólogo y arqueólogo José Echeverría Almeida confirmó que estas creencias tienen un profundo arraigo andino. “Así mismo, las palmas benditas se quemaban para contrarrestar la furia de las lluvias y las descargas eléctricas”, explicó. También se usaban para evitar las heladas “el ramo bendito era quemado en el terreno y ahí se esparcía el humo”, concluyó.