En medio de la crisis de inseguridad que azota Ecuador día a día, la Policía Nacional sigue siendo ese bastión de esperanza. Su misión, atender la seguridad ciudadana y el orden público, protegiendo los derechos y la seguridad de las personas, se cumple con dedicación inquebrantable. Oficiales valientes enfrentan el peligro, arriesgando sus vidas para restaurar la paz en comunidades aterrorizadas por la violencia. Contar con buenos elementos, formados en valores como la disciplina, lealtad y vocación de servicio, asegura que la batalla no se pierda. Ellos investigan, previenen y disuaden el delito, promoviendo la conciliación y el respeto a los derechos humanos. En medio de esta tarea, siempre es oportuno un relevo de mando, no porque se hacen las cosas mal, sino como un símbolo de respaldo. En esta lucha diaria, están las otras instituciones y estamos los ciudadanos para respaldar en medio de nuestras posibilidades su trabajo.