“Un puente”, aseveró Ronald Reascos sobre la fotografía. Aquel instante de tiempo cargado de eternidad, donde la belleza de la naturaleza es la razón para llevar a la posteridad diferentes matices y contrastes de la provincia de Imbabura.
A sus 16 años, Ronald hizo “clic” con la fotografía paisajista, y supo que estaba en el camino correcto cuando comenzó a redescubrir su pasión en la carrera de Diseño Gráfico de la Universidad Técnica del Norte.
“Pude adentrarme a este mundo gracias a personas que te cambian la perspectiva y la forma de ver la vida (…) una cosa hace clic contigo y así fue como conocí la fotografía, especialmente al retractar los paisajes y la naturaleza”, inquirió Ronald.
Su trascendencia
Actualmente, a sus 25, ya profesional en el área, ha forjado una conexión íntima entre su labor y el escenario natural que brinda la provincia. Pero, ¿cuál es el trasfondo de este acercamiento?
“Estamos en un paraíso; Imbabura es bello en todo sentido, tiene una cantidad de matices en cuanto a paisajes, zonas desérticas, tropicales, páramos, alta montaña, etc; entonces, mi motor ha sido compartir la belleza y usarla como un puente para crear consciencia en el cuidado de estos espacios, para la reflexión sobre nuestro propio entorno”, enfatizó.
Crear consciencia sobre el medio ambiente es la base de su trabajo y un ejemplo claro de ello es lo expuesto en la tesis de titulación: “Al pie del volcán Imbabura”, un libro foto documental de San Antonio de Ibarra. Ronald, en este registro, evidencia el avance de la modernidad a las faldas del volcán, y cómo afecta este proceso progresivo al entorno natural; asimismo, documenta la vida y las dificultades de la gente que trabaja en el campo.
Aparte de plasmar la naturaleza en fotografías, también lleva su ideal a la práctica. Dice que planta árboles en Imbabura; de esta manera se conecta más con el entorno.