De los 22.396 adultos mayores (65 años o más), registrados en el cantón Ibarra, el 22.8% vive con Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI), de acuerdo al último informe del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC).
Es decir, sin afiliación a la seguridad social, sin pensión ni apoyo económico, muchos recurren al comercio informal para obtener, lo “necesario” para alimentarse cada día.
Vejez en Ecuador
La situación de la “inseguridad económica” en la tercera edad no es aislada. Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), más del 40% de adultos mayores en Ecuador no recibe ingresos por trabajo ni pensión de vejez.
Las cifras muestran también una brecha de género: el 58.1% de las adultas mayores carecen de ingresos laborales o pensiones frente al 27.5% de los hombres.
Menos de dos dólares
César Leitón, de 82 años, recorre los alrededores del Mercado Amazonas y la parada de los buses hacia La Esperanza ofreciendo pastas, pilas, veneno para ratas, peinillas y artículos de bajo costo.
Él afirmó que come una sola vez al día (almuerzo) y que, en jornadas de seis horas, sus ingresos no superan los dos dólares. Viudo y con dos hijas que residen en Quito, vive solo y padece dolores en las piernas y presión en el corazón.
«De ajos a correas»
Otra historia es la de Elsa Terán, de 77 años, quien usualmente vende ajos en el mercado Amazonas y La Playita.
En temporada escolar cambia su producto y ofrece correas a un dólar o dos por cinco. Afirma que lo hace “para comer” y que, cuando se dedica a la venta de ajos, logra reunir entre 10 y 15 dólares diarios en nueve horas de trabajo. Con buena salud, asegura estar en proceso de recuperación de dolencias anteriores.
Labora por elección
En contraste, Eduardo Martínez, de 76 años, mantiene un puesto en el mercado La Playa donde hace copias de llaves, oficio que ejerce desde hace 15 años. Aunque reconoce que «los días buenos» le dejan hasta 10 dólares, sostiene que trabaja por gusto y no por necesidad, ya que nunca le ha faltado comida en su mesa.
Servicios de apoyo
En el cantón existe la Unidad de Grupos Prioritarios del GAD-I, que brinda servicios de fisioterapia y alimentación a adultos mayores y en situación de vulnerabilidad.
Sin embargo, casos como el de César Leitón revelan que muchos desconocen la existencia de estos programas y siguen enfrentando solos las dificultades de la vejez.
