Al parecer, voltear la mirada a la provincia de Imbabura ya no es un negocio político rentable para las autoridades de gobierno. Así como llegó el Ejecutivo, se fue, sin dejar soluciones, pero sí una profunda confrontación, escombros, gases lacrimógenos, encierro y abandono. Todos estos elementos se están cocinando y podrían volver a estallar. Imbabura ya no puede más. De lado y lado hay rostros cansados, preocupados, dolidos que evidencian ansiedad, hastío, y desesperación. No son escuchados, ¿Dónde están las autoridades? Se preguntan. Aquí no hay buenos, ni malos. No hay izquierdas ni derechas, solamente un pueblo que ha perdido demasiado en discursos inútiles y un Gobierno que les ha dado la espalda. Ya no fueron los 12 días de Moreno, ni los 18 de Lasso, hoy la provincia de Los Lagos clama por una solución que respete a todos los actores sociales. De los gobernantes depende buscar acuerdos; ceder no es perder.
