Ceuta vive ahora lo que Ecuador ya conoció años atrás, entre 2018-2019: cuando se reportaban miles de personas cruzando a pie la frontera, caminando por las carreteras, esperando en las terminales, durmiendo en carpas sobre parques y plazas, o en centros de acogida improvisados. Surge entonces, un debate público, dividido entre la solidaridad y el miedo. Ecuador aprendió, que ninguna cifra —ni de entradas ni de muertos— explica el drama real: personas que arriesgan la vida porque no tienen otra opción posible. Y a esos sueños de vivir mejor les cierran las puertas al norte, al sur y al occidente Lo que funciona es una adecuada regularización, en lugar de perseguir. Proteger a la niñez sin excepciones, y cooperar con el país de origen en vez de criminalizar al migrante. El ecuatoriano también fue migrante y aunque entró por otras vías, a diferentes países de Europa, vivió o vive los mismos problemas. La cifra no es el drama; el drama es lo que la cifra oculta.
