Colombia amaneció el 10 de agosto con un fuerte sismo de magnitud preliminar 7,4 con epicentro en Chocó, que se sintió con fuerza en Cali, Bogotá, Armenia y también en Ecuador y Panamá, dejando ya decenas de muertos y edificaciones colapsadas en Manizales y Pereira. Este evento se suma al reciente doble terremoto venezolano y confirma que la región vive un ciclo sísmico activo. Ecuador conoce ese dolor: en 2016, un sismo de 7,8 dejó más de 600 víctimas y millonarias pérdidas. Diez años después hay avances, normas de construcción más exigentes y mayor control técnico en las obras, pero persiste la informalidad constructiva y la débil cultura de simulacros. Expertos insisten en que el reto no es predecir el próximo terremoto, sino reducir la vulnerabilidad antes de que se convierta en desastre. Lo de Colombia hoy no es una alerta lejana: es un recordatorio urgente de que Ecuador debe sostener, y no olvidar, las lecciones del 16A.
