sábado, 29 agosto 2026
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Cristian Andrés Acosta Congo nunca se imaginó que la fortaleza y la disciplina que le impuso el fútbol profesional le ayudarían a enfrentar la adversidad. El resto le aporta su inquebrantable fe en Dios. No hay duda.  Ahora, a sus 31 años, este ibarreño enfrenta el partido más difícil: seguir gambeteando a la vida.

Su espíritu de deportista le permitió no desmayar tras el siniestro de tránsito del 3 de junio del 2025, en el Valle del Chota, que terminó con la amputación de sus dos piernas. Ese día un camión le arrolló luego que perdió el control de la motocicleta que conducía.

Hoy, el Crí Crí, como le dicen sus amigos, tiene puesta la mira en el fisicoculturismo para personas con capacidades diferentes. Para ello se prepara física y mentalmente.

El tercer tiempo

Con una amplia sonrisa, que muestra sus perfectos dientes blancos, Cristian ejercita sus fornidos brazos y espalda en una de las máquinas del gimnasio M-Bolic Pro, de la capital de Imbabura. Desde hace cinco meses, entrena en ese lugar de lunes a viernes. Invierte dos horas diarias.

“Trabaja 60 minutos de cardio en la mañana y 60 minutos de fuerza en la tarde. Es una persona muy disciplinada”. Así lo describe el entrenador Alejandro Pozo.

El exdefensa y exmediocampista vistió las blusas del Imbabura S.C., Deportivo Quito y Aucas, entre otros equipos, entre los años 2013 y 2017.

Luego de salvarse de la muerte, replanteó sus prioridades.

Quiere abrir una escuela de fútbol para niños. También representar a Imbabura en campeonatos de fisicoculturismo. El gusto por esta disciplina le llegó en junio pasado cuando fue invitado al Campeonato Miss y Mister Ecuador Novatos 2026, que se realizó en Ibarra. El esbelto deportista ibarreño mostró sus músculos, como parte de un proyecto de inclusión, que impulsa la Federación Ecuatoriana de Fisicoculturismo.

Sus amores

La adrenalina que le genera el deporte se estabiliza en la tranquilidad de su hogar, ubicado en la Fray Vacas Galindo y Luis Felipe Borja, en Ibarra. Ahí le esperan llenas de amor su esposa, Leonela Suárez, y la Nena, una perrita Rottweiler que es la mimada de la casa. La rutina diaria de Cristian se complementa con la lectura de la Biblia y oraciones a Dios. Eso le ha convertido al deportista en un campeón.

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