El escritor Jorge Luis Borges, durante la final del Mundial de Argentina 1978, cometió uno de los más grandes “agravios” que recuerda ese deporte y aquel país. Era la final de Argentina 1978 y- seguro de si mismo- organizó una conferencia sobre la inmortalidad en pleno partido. Y aquella tarde del 25 de junio, se llenaron tanto el estadio como su biblioteca, lugar de la charla. El escritor no ocultó así su odio hacia un deporte sobre el cual él explicó de forma memorable la razón de su éxito: “El fútbol es popular porque la estupidez es popular”. Pero no ha sido el primero, ni será el último en decirlo, aunque haya más detractores que acólitos. La lista sigue y sus razones son tan aceptadas como debatibles. Fernando Savater por ejemplo ha señalado que el deporte despierta las peores pasiones, transformando una actividad física en un nacionalismo irracional. Súmele Umberto Eco que más que al deporte, le molestaba el hincha “que cree saberlo todo”.