Cada 27 de febrero, el calendario ecuatoriano guarda una fecha cargada de civismo. Ahora parte de una memoria viva, antes un punto de encuentro de los jóvenes y un puente entre lo que el país fue, lo que es y lo que aspira a ser. En este día, hace casi dos siglos, los campos de Tarqui fueron testigos de una de las páginas más significativas de la historia militar de la nación. La Batalla de Tarqui, librada el 27 de febrero de 1829, definió con claridad los contornos de una soberanía que entonces aún buscaba su forma definitiva. El soldado ecuatoriano, en aquel momento y en los que vendrían después, respondió al llamado con la convicción de quien defiende algo más grande que sí mismo: la tierra, la identidad, el derecho de un pueblo a decidir su propio destino. Por eso, las autoridades de la República encontraron en esa fecha el espacio simbólico adecuado para instituir el Día del Ejército Ecuatoriano. Hace no mucho se juraba lealtad a la patria.
