Desde el campo de la psicología se observa con preocupación el impacto de las redes sociales en nuestros jóvenes. Estas plataformas, diseñadas para captar atención, fomentan la comparación constante, la ansiedad y la baja autoestima. Adolescentes pasan horas expuestos a vidas idealizadas, lo que distorsiona su percepción de la realidad y genera frustración. El ciberacoso, la adicción a la validación externa y la privación de sueño son riesgos reales que afectan el desarrollo emocional y cognitivo. Estudios confirman el aumento de depresión y aislamiento social entre quienes más las usan. Pero no solamente es este fenómeno. También está en riesgo de que sea secuestrado o víctima de trata de personas. No se trata de demonizar la tecnología, sino de educar. Padres, escuelas y profesionales promoviendo un uso crítico y equilibrado: límites claros, conversaciones abiertas y espacios de vida real. Así protegeremos la salud mental de quienes cuidamos
