Hoy, 24 de julio, conmemoramos algo más que el nacimiento del Libertador. Celebramos una idea que trasciende banderas y fronteras: la integración latinoamericana. Simón Bolívar no solo forjó independencias; sembró un sueño. Imaginó una América unida, dialogante, capaz de superar los particularismos que nos fragmentan. Sin embargo, dos siglos después, se sigue tropezando con los mismos obstáculos. ¿Qué nos detiene? Los intereses mezquinos, las rivalidades absurdas, el olvido de nuestra historia común. Mientras Europa se integra y Asia se fortalece, este continente pierde tiempo en disputas menores, construye muros. El diálogo sincero debe remplazar la retórica vacía. Se buscan líderes que piensen en grande, no en ciclos electorales. Empresarios que inviertan en la región, no solo en paraísos fiscales. En un mundo de bloques, América Latina unida puede ser protagonista. Dividida, será apenas espectadora de su propio destino.
