El cierre del Biocorredor Andes Norte en Zuleta representa un hito ambiental: tres provincias unidas restauraron 164 hectáreas, capacitaron a 220 agricultores y ampliaron las áreas protegidas en 14%. Este logro trasciende fronteras administrativas y demuestra que la conservación requiere voluntad compartida. Sin embargo, la ausencia de los prefectos de Carchi, Imbabura y Pichincha causó incomodidad. Mientras el embajador Giovanni Davoli recorrió kilómetros para reconocer este esfuerzo trinacional, las máximas autoridades provinciales enviaron delegados.
¿Qué mensaje transmite esta inasistencia a las comunidades que durante tres años trabajaron incansablemente? El convenio interinstitucional firmado requiere liderazgo visible, no protocolos. Los ecosistemas andinos no entienden de agendas políticas. Si quienes gobiernan estas provincias no priorizan personalmente lo que proclaman defender, el futuro del BIAN quedará en el papel, no en el territorio.
