sábado, 4 julio 2026
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Hay quienes eligen su profesión y otros que la llevan en su ADN. Ese es el caso de Juan José Terreros Monteros, artista plástico de la comunidad de Peguche, en Otavalo, que ha convertido las paredes de distintos rincones del país en auténticas galerías al aire libre.

El arte lo lleva en la sangre

Rodeado de cuadros que desbordan color, en su taller convertido también en el Centro Cultural Ojo Callejero, ‘Topas’, como se lo conoce en el medio artístico y comunitario, transforma sus experiencias en arte.

“Es un poco extraño porque yo siento que mi vida era ser artista; vengo de una familia que ha estado involucrada en el arte siempre”, mencionó, recordando que al principio se rehusaba a seguir este camino.

Hace ya 10 años encontró en el muralismo una forma de expresión catártica diferente a lo que le genera pintar en lienzo. Comenzó con unos cuantos crayones, una pared y un pedido personal, dando paso a una serie de obras hechas con estos singulares materiales.

Primer acercamiento al muralismo

Tras el terremoto de 2016, fue invitado a Canoa, parroquia de la provincia de Manabí, para pintar con su técnica de crayones de cera en el evento “Fiesta de Colores”, cuyo fin fue intervenir la playa junto a artistas internacionales.

Esta experiencia marcó el punto de partida para su carrera en el muralismo. “Me cambió la vida … Fue entender que el arte puede llevarte a viajar, a compartir, a tener experiencias en todas las esferas sociales”, dijo. Desde entonces, ha dejado su huella por todo el país, así como en festivales de Argentina, Paraguay, Chile, Colombia y Perú.

Democratiza el arte

En su misión por crear un vínculo entre Otavalo y artistas de todas partes, surgió el Centro Cultural Ojo Callejero, en donde se gestó el proyecto Nómadas en la Llakta con el que han rehabilitado alrededor de 35 muros de la parroquia Miguel Egas Cabezas.
Sin abrumarse por el futuro, busca dejar un pedazo de él en la vivencia de la gente.

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