Escribimos este editorial desde la autocrítica honesta. Como periodistas multimedia, reconocemos que en 2025 no siempre estuvimos a la altura del momento histórico que vive Ecuador. Caímos, a veces, en la prisa, en la repetición y en la dependencia de métricas que no miden confianza ni servicio público. También es cierto que resistimos; a veces informamos en contextos de violencia, sin un soporte firme y en ocasiones con debilidad, sosteniendo redacciones con recursos limitados y riesgos reales. El 2026 nos exige corregir el rumbo. La audiencia nos pide rigor, contexto y cercanía, especialmente desde lo local. Debemos verificar más, explicar mejor y escuchar con humildad. La tecnología, incluida la inteligencia artificial, debe servir a la verdad, no sustituirla. Nuestro compromiso es claro: mantener la credibilidad con transparencia, proteger el ejercicio periodístico y volver a poner al ciudadano en el centro. El periodismo no es solo contenido; es responsabilidad democrática en el Ecuador de hoy.
