Cada año, entre el 1 y el 2 de noviembre, América Latina recuerda a quienes ya partieron. El Día de los Difuntos no es una fecha triste: es un encuentro de afecto entre las familias y sus seres queridos, donde la memoria mantiene viva a la gente que se ama. En México, la tradición es famosa en el mundo entero. Las familias arman altares con flores de cempasúchil, velas, fotos y la comida preferida del difunto, pues creen que las almas regresan a visitarlos. En Guatemala, la gente eleva barriletes gigantes para enviar mensajes al cielo. En Ecuador, las familias comparten la colada morada y las guaguas de pan. En Bolivia, esperan a las almas con mesas llenas de panes y frutas. En Colombia, las personas visitan los cementerios, limpian las tumbas y las adornan con flores en señal de cariño. Aunque cada país tiene sus propias costumbres, todos comparten una misma enseñanza: la muerte no borra el amor, y quien es recordado nunca se va del todo. Así, toda América Latina honra la vida. Desde muchos aós atrás en nuestro país ha sido el feriado más largo y emotivo. Deben vivirlo con los más queridos
