Hace poco, este medio de comunicación publicó un reporte, elaborado por Fundamedios, respecto a las agresiones sufridas por al menos 19 periodistas, en agosto pasado. Con preocupación, también mencionó, las presiones y hostigamientos que sintieron colegas de la profesión, por parte de los organismos de poder, para que dejen de investigar, o informar. Dejar de ser la voz del ciudadano, del paciente, del vecino, del estudiante. No hablamos solamente del Estado, también son los gobiernos descentralizados, las empresas públicas, los políticos, el poder. Septiembre arrancó con el anuncio del comunicador Fabricio Vela, de su renuncia al canal RTU por un presunto intento de censura y presiones relacionadas con la pauta publicitaria oficial. Aunque no son casos similares, en su connotación, el retiro de Gisella Bayona y la salida de Vela son un riesgo para la tarea periodística. Cuando se amenaza con la pauta, se acosa a familiares, se atenta a la honra y se indaga en la vida privada de un comunicador, se instala el miedo y que esto se haga común debe generar terror en la sociedad.
