Cuatro días de descanso consecutivos dejaron de ser una novedad. Hay una carga emocional detrás de cada decisión del gobierno. Por un lado, tras el anuncio de una gran movilización el 1 de mayo, los dos días de feriado pudieron haber reducido la fuerza de la convocatoria; y por otro lado, la necesidad de reactivar el turismo, que parecería haberse vuelto un lugar común. El Decreto Ejecutivo 354 del presidente Daniel Noboa, que declara el jueves 30 de abril como jornada no laborable y no recuperable, es una medida concreta. Pero detrás de ella late una pregunta más profunda. ¿Qué lugar ocupa el feriado frente a una crisis social, económica y laboral, en un Ecuador donde la informalidad laboral supera el cincuenta por ciento. Estos feriados no alcanzan ni benefician a todos por igual. Quienes dependen de la jornada diaria para sobrevivir no siempre tienen el privilegio de la pausa. Celebrar el Día del Trabajo con cuatro días libres resulta, para muchos, una ironía silenciosa.