El pasado sábado durante una pausa del partido entre Ciudad de Yantzaza y Río Aguarico, el futbolista Jhon Michel Perlaza lanzó una piedra que impactó en el rostro del juez de línea Lenin Ojeda. Las imágenes lo muestran en el suelo, con el rostro severamente inflamado, antes de ser evacuado en ambulancia. La FEF suspendió al jugador por 60 días de toda actividad del fútbol organizado y prohibió al club jugar de local durante el mismo plazo. Ambas sanciones son apelables en tres días. No es un caso aislado: en 2022 la agresión a Álex Cajas paralizó la LigaPro y se prometió máximo rigor. Hoy la Agremiación de Árbitros anuncia acciones penales y juristas piden una ley especial contra la violencia en el deporte. Reclamar al árbitro es parte del juego; herirlo, no lo es, y mucho menos de esa manera tan cobarde como la agresión por la espalda. Quien agrede a un juez atenta contra el fútbol entero. Sesenta días son una pausa, no un castigo. Se debe solicitar una sanción ejemplar: expulsión definitiva del futbolista, castigo severo al club y reformas reglamentarias reales. Si no; quedará para la anécdota.
