Cada 18 de septiembre, la conmemoración de la igualdad salarial demanda considerar temas pendientes: las mujeres ecuatorianas siguen ganando menos que los hombres, por trabajos equivalentes. Según Naciones Unidas, la brecha global alcanza el 20%, una cifra que se profundiza cuando se cruza con otras formas de exclusión que enfrentan mujeres indígenas, afrodescendientes, con discapacidad o en movilidad humana. Ecuador no es la excepción. Aunque la Constitución garantiza la igualdad salarial, la realidad laboral cuenta otra historia: mujeres relegadas a la informalidad, a jornadas parciales o temporales, y sobrecargadas con labores de cuidado no remuneradas que limitan su desarrollo profesional. Este panorama las localiza en sectores históricamente subvalorados, con consecuencias que se extienden más allá del presente: pensiones menores, jubilaciones ausentes y una vejez marcada por la precariedad económica. Cerrar esta brecha no depende solamente de la voluntad política, sino de una condición para el desarrollo económico del país.
