Ecuador, cuando se junta es más fuerte. El Tricolor flamea más alto, cuando ellos y ellas: el empleado, la docente, el estudiante, la emprendedora, el cocinero, la arquitecta, el heladero, la doctora, el ingeniero, la periodista, el panadero, la chofer, el panadero; salen cada mañana a buscar el pan para la familia. Allí, la sangre ecuatoriana hierve en las venas e infla el pecho de orgullo. Ser ecuatoriano es sinónimo de resiliencia, de lucha, de fuerza, de empuje, de ñeque. Que no te importe lo que te digan, siempre habrá alguien que detrás tuyo, hable mal de ti, quiera bajonearte, te ponga obstáculos, te envidie. No mires atrás, si te cierran las puertas sacúdete el polvo de los zapatos y camina, pues otras más grandes se abrirán. Cuando juega la Tricolor, vienen a la mente esos profesionales, esos comerciantes, esos pescadores, esos agricultores, esos deportistas. Todos quienes al sonido de un himno despojan de sus ojos una lágrima de emoción. Por ellos:¡Viva Ecuador!
