Cada 14 de septiembre, el Día Mundial de la Dermatitis Atópica sirve para recordar que el cuidado de la piel no es un gesto estético, sino un asunto de salud pública. Esta enfermedad crónica —no contagiosa, muchas veces hereditaria— se manifiesta con picazón intensa, resequedad y brotes que afectan a niños y adultos, comprometiendo el sueño, la vida social y el rendimiento escolar o laboral. Ecuador tiene motivos particulares para prestar atención. Estudios realizados en Quito ubican al país entre las prevalencias más altas registradas a nivel mundial en niños de 6 a 7 años, según el Estudio Internacional de Asma y Alergias en la Infancia (ISAAC). A esto se suma un factor geográfico ineludible la altitud de buena parte del territorio, especialmente en la región andina y valles del norte del país, exponen a la población a niveles de radiación ultravioleta considerablemente más altos que en otras latitudes, agravando la sequedad y el daño cutáneo. La prevención y la hidratación constante son obligatorios, mucho más cuando arrancó un nuevo periodo escolar, con niños en los patios.
