La decisión de la Asamblea Nacional de declarar el pasado 23 de julio como el Día de Concientización de las Malformaciones Congénitas nos invita a reflexionar sobre una realidad que muchas veces permanece en silencio. En Ecuador, uno de cada 400 a 700 niños nace con fisura labiopalatina, una condición que va más allá de lo físico: toca el corazón de las familias y desafía a toda la sociedad. Lo que más duele es que esta situación se puede prevenir. Con controles médicos adecuados, ácido fólico y acceso a información, muchos casos podrían evitarse. Sin embargo, en nuestras zonas rurales de Guayas, Pichincha y Azuay, por no decir provincias más pequeñas como Carchi e Imbabura donde el acceso a la salud es limitado, los números siguen siendo altos. Esta fecha no es solo una declaratoria más; es una oportunidad para romper mitos, eliminar discriminación y recordar que cada niño merece nacer con las mejores condiciones posibles.
