Una semana después del Yamor, Otavalo celebra Las Octavas en honor a la Virgen de Monserrat, una de sus tradiciones más antiguas. La devoción se remonta a finales del siglo XVI, cuando, según la tradición oral, una niña indígena presenció un prodigio en la gruta del Socavón, en el barrio La Florida. En 1863 la Virgen fue declarada oficialmente patrona de la ciudad. Su imagen, de 60 centímetros, traída de España en el siglo XVII, reposa en la iglesia de El Jordán junto a San Francisco y San Antonio, y sobrevivió milagrosamente al terremoto de 1868 gracias a un devoto que la rescató. Desde hace más de sesenta años, una réplica se venera en el Socavón, donde los fieles acuden incluso de noche. Las Octavas combinan solemnidad religiosa con fuegos artificiales, música, danzas y ferias gastronómicas, mostrando que fe y celebración popular se complementan. Mantener esta tradición es un acto de identidad cultural que las nuevas generaciones deben preservar, honrando así la memoria de los ancestros otavaleños y su legado espiritual.
