Las cábalas de fin de año van más allá de la simple creencia para convertirse en gestos de esperanza. Ponerse calzones amarillos para la plata, comerse las doce uvas al sonar las campanadas, o dar la vuelta a la cuadra con maletas para viajar: estos rituales conectan nuestros sueños con la realidad. Preparar una cábala necesita pensar bien qué queremos. No es cosa de milagros, sino de tener claros nuestros deseos. Al escoger un ritual, estamos diciendo qué nos importa de verdad: la economía, el amor, la salud o conocer otros lugares. Ese mismo acto ya nos compromete con lo que buscamos. Lo que realmente nos cambia no es la cábala en sí, sino la actitud que tomamos. Las cábalas nos ayudan a cerrar el año agradecidos, con ganas renovadas. Son recordatorios de que merecemos lo bueno y que vamos a trabajar por ello. Así que, a pocos días de que acabe el año: Planifica tu viaje, elabora un presupuesto, visita al médico… ama.
