Para empezar hay que poner los pies en la tierra. El Congreso de la Conmebol en Quito, con la presencia de Gianni Infantino y Alejandro Domínguez, ha reavivado el debate: ¿podrá Ecuador albergar la Copa América? (Sea 2028 o 2032). La Federación Ecuatoriana de Fútbol, a través de su presidente Francisco Egas, ha sido prudente pero clara: El país tendría que trabajar mucho. La Copa ya no es la de 1993; las exigencias de infraestructura y logística son colosales. Voces especializadas destacan a favor el enorme potencial turístico y el talento humano ecuatoriano, dos activos que generarían empleo, divisas y orgullo nacional. Sin embargo, coinciden en que eso no basta. La parte técnica aún no es óptima: estadios, transporte y servicios requieren inversiones urgentes y planificadas. Queda el tema de la seguridad, históricamente sensible. Pero en cuatro años habremos ganado la batalla al crimen organizado. Con esa certeza, Ecuador debe asumir el desafío con seriedad: no para soñar, sino para prepararse.
