Hay géneros musicales que no solo se escuchan por épocas o por moda; se quedan a vivir en la memoria. El pasillo ecuatoriano es uno de aquellos. Todos, en algún momento, hemos escuchado, cantado o dedicado ‘El alma en los labios’, ‘Sombras’, ‘El aguacate’, ‘Sendas distintas’, ‘Lamparilla’, ‘Romance de mi destino’, Ángel de luz’, entre otras melodías que han acompañado amores, despedidas, nostalgias y recuerdos familiares. Según expertos y estudiosos del género, estas composiciones están entre las más emblemáticas y escuchadas del pasillo nacional. Sus letras y melodías reflejan una sensibilidad profundamente ecuatoriana, capaz de convertir la tristeza en poesía y el amor en canción. El pasillo tiene además una historia que merece ser recordada. Sus raíces se remontan al siglo XIX, a partir de influencias europeas y latinoamericanas, que se quedaron en Ecuador. Hoy, reconocido por la Unesco como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, el pasillo sigue siendo mucho más que música: es memoria, identidad y sentimiento que atraviesa generaciones.
