El mundo celebró el Día Internacional del Aprendizaje Digital bajo el lema “Forjando futuros digitales para la educación pública”. Una consigna que parecería una simple promesa, pero que en Ecuador tiene mucha deuda pendiente. La pandemia lo reveló sin rodeos: los países con menos infraestructura digital fueron los que más sufrieron. Ecuador no fue la excepción. Actualmente, la brecha entre zonas urbanas (con cerca del 76% de conectividad) y rurales (debajo del 40 o 58%) -según un reportaje de Primicias-sigue siendo una herida abierta en el sistema educativo. Esa desigualdad no es técnica: es estructural. En otras palabras; requiere decisión política, inversión sostenida y voluntad de llegar a donde el Estado históricamente no ha llegado. La Unesco y las Naciones Unidas son claras: la tecnología educativa no es un lujo, es un derecho. Construir sistemas resilientes e inclusivos exige que ningún estudiante quede fuera por vivir lejos de una antena.