Cada 3 de noviembre, la ciudad de Santa Ana de los Cuatro Ríos de Cuenca guarda en su memoria aquel 1820, el año en que sus patriotas decidieron romper las cadenas de más de tres siglos de sometimiento colonial. Aquella jornada no fue una coincidencia, sino la respuesta de un pueblo valiente que, al conocer la liberación de Guayaquil, resolvieron que la Atenas del Ecuador, sobrenombre otorgado con orgullo por Juan Montalvo, no podía quedar atrás. Los primeros intentos, encabezados por Tomás Ordóñez, fueron reprimidos. El gobernador Antonio Díaz Cruzado, tras acercarse a la causa, fue descubierto y enviado preso a Quito. Sin embargo, el alcalde José María Vázquez de Noboa, jefe de los patriotas, asumió el mando y facilitó el desarme de la escolta militar. Atrincherados en la plaza de San Sebastián, junto a un pueblo decidido, proclamaron la libertad de la provincia. Aquel gesto abrió el camino que culminaría en el Pichincha. En la actualidad, Cuenca, Patrimonio de la Humanidad, cuna de pensadores, continúa siendo un ejemplo de rebeldía contra las injusticias del poder.
